Efectos colaterales de un reparto insostenible de recursos

Marta I. Saloña Bordas

Resumen


El ser humano, como cualquier otro organismo, posee la capacidad de modificar su entorno para su propio beneficio, especialmente de cara a asegurar su manutención y la de aquellos a su cargo. Con el desarrollo tecnológico esa capacidad ha adquirido dimensiones sin precedentes para el entorno que nos sustenta, con consecuencias difíciles de estimar y menos aun de predecir, que pueden poner en serio riesgo nuestro propio equilibrio y futuro, alcanzando cotas de insostenibilidad cuyas consecuencias pagamos muy caras, aun sin ser conscientes de ello. Hemos desarrollado una sociedad bulímica, permanentemente insatisfecha y consumidora por encima de sus posibilidades, incapaz de gestionar los residuos que genera con una intensidad sin precedentes. Como resultado directo del actual modelo insostenible de producción y consumo cabe destacar, la pérdida acelerada de suelo fértil, la pérdida de biodiversidad, la polución de suelos que no son adecuadamente gestionados y como consecuencia de todo ello un proceso irreversible de desertización. El resultado global final es una población creciente, cada vez más pobre a costa de incrementar la riqueza de determinadas élites y grupos de poder que habitan en países ricos y desarrollados. Ante dicha descompensación en la distribución de recursos, la Cruz Roja Internacional ha realizado recientemente un llamamiento urgente para evitar el hambre de 13 millones de africanos. Se estima que mil personas mueren cada hora de hambre mientras el 20% de la población mundial acumula recursos sin tiempo para consumirlos. Las poblaciones marginales optan por emigrar a las zonas de riqueza, con los consecuentes problemas de inmigración que se han visto seriamente agravados en los últimos años en nuestras tierras. Resulta urgente revisar las políticas agrarias, favoreciendo la autogestión por parte del agricultor y del ganadero de sus recursos, aumentando las ayudas económicas a aquellos productores que mantienen formas conservadoras de producción y gestión de recursos, manteniendo las variedades locales, modos de cultivo y cría tradicionales e innovando, si procede, dichos procesos así como la recuperación y reciclaje de los subproductos derivados de los procesos de producción y consumo. Asimismo se debe potenciar el consumo de productos locales que minimicen el tráfico transfronterizo indiscriminado de especies animales y vegetales, con los consecuentes problemas que se derivan del consumo desaforado de productos foráneos introducidos por maniqueas campañas de marketing.

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DOI: http://dx.doi.org/10.1344/rbd2006.7.7867

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