LA MEMORIA DEL OTRO EN LA ERA DE LO GLOBAL

Anna Guasch

Resumen


A pesar de lo negativo de los procesos de homogeneización que genera, la globalización, al decir de Arjun Appadurai, es una “máquina” o una “tecnología” que colabora a ampliar nuestros horizontes aportando rutas para conectarnos con otras sociedades, otras gentes, otros pensamientos, no sólo a través de los media tradicionales o de las mediaciones electrónicas sino de lo que Appadurai llama “experiencias mediadas”, desde la del viaje y la migración hasta las derivadas del diálogo, es decir, las “experiencias dialógicas”[1]. La globalización, deja de ser entonces un proceso externo abstracto, distante, que cambia constantemente de coordenadas e incluso puede generar pánico, y se convierte en un vehiculo - con componentes utópicos, ciertamente- que agranda y proyecta las expectativas y las aspiraciones locales. Es bajo este punto de vista, el de concebir la globalización no como un proceso a gran escala, sino de “producción de localidad”, la localidad de las “nuevas minorías” planteadas por Appadurai, como entendemos esta proposición, más que exposición, sobre la memoria y la otredad, una otredad identitaria de la conflictiva vida cotidiana en el sentido social e individual, pero no aislada ni tan siquiera singular ni menos exótica ya que está conectada y, a la vez, es parte y consecuencia de las redes globales.


[1] Arjun Appadurai,”Minorities and the Production of Daily Pace. Interview with Arjun Appadurai”, en Joke Brouwer y Arjen Mulder, eds., Feelings are Always Local, Rotterdam, NAI Publishers, 2004.


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