Ingmar Bergman: ¿Cineasta de la burguesía?

Jordi Puigdoménech López

Resumen


Uno de los aspectos más interesantes que presenta el cine desde el punto de vista histórico y filosófico es su capacidad para servir de reflejo del modo de vivir y de pensar de una sociedad o época determinada, particularmente en el caso de aquellos países que, como es el caso de los escandinavos, han encaminado tradicionalmente su producción hacia el consumo interno. A excepción hecha de la década de los treinta, en la que tuvo lugar una gran proliferación del género de la comedia, el cine sueco, desde Sjöstrom hasta Widerberg1 , es un cine en el que predomina el problema del hombre y que presenta como constantes un cierto pesimismo amparado en la fragilidad de la condición humana y una honda preocupación por las secuelas existenciales de dicha condición. Esto puede parecer una aporía, sobre todo si tenemos en cuenta que a lo largo del siglo XX Suecia ha sido un país altamente próspero, que ha conseguido mantenerse neutral en los dos grandes conflictos bélicos mundiales.

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