Convocatoria #29: Escritura, crítica y crisis climática: el trabajo académico en la era la extinción

2022-08-01

Si bien la discusión sobre el nombre para la época geológica que sigue al denominado Holoceno aún está abierta, no hay duda que Antropoceno (Paul Crutzen) es el término que mayor fuerza ha cobrado, a pesar de las críticas que ha recibido, para nombrar la crisis ecológica que puede conducir, gracias a nuestro modo de vida, hacia una nueva extinción. A lo largo de la última década, la crítica académica y cultural también ha comenzado a considerar sus implicancias, aunque generalmente asumiéndolo como la más reciente de las modas universitarias, al tiempo que las ficciones climáticas (Adam Trexler) proliferan tanto por preocupaciones éticas como por necesidades del mercado editorial. Este ambivalente escenario lleva a interrogarse por el rol que el trabajo intelectual desempeña hoy, cuando la crisis climática está desatando una especie de ominosidad ambiental, al decir de Amitav Ghosh, animada por acciones humanas acumulativas.

De manera que la humanidad, en tanto fuerza geológica (Dipesh Chrakrabarty), puede ser tratada como «objeto de estudio» sin que ello implique una transformación en las formas de vida, de trabajo o de escritura. Se trata simplemente de «ponerse al día». La moderna relación sujeto/objeto y su actual modo de producción/promoción/consumo determinan incluso a las críticas supuestamente más radicales del antropocentrismo, toda vez que se hace bajo la forma de un estandarizado formato que recibe el nombre de artículo o, cada vez más, de paper, y se continúa con la carrera académica simplemente actualizando las lecturas, al tiempo que se mantiene intacto el modo de investigación y difusión. Este escenario académico da cuenta, así, de una «subjetividad» que asume una «objetividad» en la que no se reconoce ni ve relación alguna. El cine nos puede mostrar mejor este punto.    

El planeta llamado Melancolía, que da nombre al filme de Lars von Trier (2011), no es un cuerpo celeste que colisionará desde el exterior con la Tierra. El melancólico es el caso límite del cinismo contemporáneo descrito por Peter Sloterdijk (1983), por lo que la destrucción del planeta es producida desde el interior por las y los humanos que lo habitan. El problema no radica en la falta de instrumentos científicos. Lo sabemos y, aun así, lo hacemos. De ahí que el cinismo sea entendido como la «falsa conciencia ilustrada», y ello, bajo el actual escenario, como la huella de carbono, no hace sino aumentar. Libros como The Nonhuman Turn (2015) y The Animals Reader (2007) o el modo en que la configuración de conceptos opera como la marca de un producto comercial, indican la desconexión entre los problemas y la forma en que se asume el «estudio» de esos problemas y su difusión. Y aquí se resalta la importancia de la forma porque, si bien hay excepciones, el trabajo intelectual (no solo dentro de la academia) está completamente formateado: desde el modo en que pensamos un título hasta la redacción de la bibliografía, pasando por la escritura misma, suelen responder a un principio de indexación hoy determinado por empresas que se apropian de nuestro trabajo. Empresas cuya única relación con el medio académico es la de vender el resultado de nuestro trabajo.

Hacer de la crisis que atravesamos un objeto de estudio que nos transforma en especialistas en cambio climático, humanidades ambientales o cosmotécnica da cuenta de que el problema no es solo el objeto de estudio, sino también la forma de vida y de trabajo que determina algo como tal, lo que implica que se ha internalizado la misma lógica que profundiza la ominosidad ambiental. Por lo tanto, no es con el capital y con su modo de destrucción con lo que hay que acabar, sino con el modelo de subjetividad que nos hizo creer que la melancolía se encontraba fuera de la tierra. Porque cuando el problema se encuentra «allá», lejos, pareciera que la inquietud se tranquiliza o, más bien, normaliza. Más de uno encontrará exagerada esta intuición, pero no por pequeñas hay que desconsiderar las fuerzas (negativas) de nuestras prácticas intelectuales. Cuál es la huella ecológica del trabajo académico, preguntaba Gabriela Méndez Cota en una conversación reciente, una pregunta que solemos pasar por alto o ni siquiera plantear. Y menos aún nos preguntamos, por ejemplo, por cómo está hecho el computador en el que escribimos. Pero, como señaló Timothy Clark, si bien la responsabilidad individual es ínfima, el impacto acumulativo de la insignificancia es mayor. Pensemos en el coltán, uno de los materiales imprescindibles para la fabricación de un Smartphone o de una tableta touch, herramientas imprescindibles para nuestra vida (académica) digital. Si bien se lo puede extraer de Australia, Brasil o China, dado el bajo costo del trabajo esclavo, semiesclavo o infantil con el que se lo produce, es desde la República Democrática del Congo, uno de los países más pobres del mundo, de donde (vía Ruanda) lo obtienen algunas importantes multinacionales del «norte» que venden también sus aparatos en el «sur». Independientemente de la disciplina, la forma en que se elabora un «objeto de estudio», se lo investiga y luego se publican los resultados, no está desconectada de los modos de consumo antrópicos que están destruyendo las condiciones ambientales que han hecho posible la vida humana. La distinción sujeto/objeto es uno de los pliegues que sostiene la idea bien concreta de la naturaleza como recurso. Se trata de una distinción que ha sido normalizada de la misma manera en que ha sido normalizada la destrucción de lugares y países que sostienen el modo de vida imperial (Brand y Wissen), que opera no sobre un «intercambio» económico desigual, sino sobre una apropiación desigual del planeta, con consecuencias globales, pero mayores en el «sur». La mayoría de las víctimas de la crisis, señala la llamada ley McKibben, son quienes menos responsabilidad tienen en su proliferación. De manera que el trabajo académico preocupado por el Antropoceno requiere interrogar sus propias formas, además de sus modos de consumo; la generación de «objetos de conocimiento» responde al mismo modo de producción que está destruyendo la tierra, tal como la conocemos.         

En virtud de lo anteriormente expuesto, se invita a enviar contribuciones que respondan las siguientes preguntas:

  • ¿Cómo escribir sobre el Antropoceno, sin responder a los formatos académicos establecidos?
  • ¿Cómo imaginar unas humanidades no antropocéntricas?
  • ¿Cómo dar cuenta de la huella ecológica de la academia?
  • ¿De qué maneras se pueden establecer relaciones entre crítica y crisis ambiental que suspendan la distinción sujeto/objeto?
  • ¿Cómo interrogar las ficciones del Antropoceno, sin hacer de ellas un simple objeto de estudio?
  • ¿De qué manera se puede imaginar una ecocrítica que vaya más allá del ámbito de la representación?
  • ¿Qué relaciones se pueden establecer entre humanidades y ciencias naturales?                          

raúl rodríguez freire (coord.)

Pontificia Universidad Católica de Valparaíso

 

Las bases que a continuación se exponen y que regulan la recepción y publicación de los distintos trabajos quedan sujetas a lo expuesto en el Sistema de arbitraje, el Manual de estilo y el Aviso legal. Todos ellos pueden consultarse en el área de «Políticas de la editorial» de la revista: https://revistes.ub.edu/index.php/452f/about

- El plazo de entrega de los artículos termina el 31 de enero de 2023, siendo descartados para este número los artículos que sean recibidos con posterioridad a esta fecha.

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- Los artículos se deben inscribir, según su temática, en la parte de la revista que le corresponda: monográfico o miscelánea.

- La parte monográfica en este vigesimonoveno número pretende reunir un cuerpo de trabajos que versen sobre el tema «Escritura, crítica y crisis climática: el trabajo académico en la era la extinción».

- Para la sección miscelánea, la elección del tema y el planteamiento son libres, siempre que estos se inscriban en el ámbito de debates de la teoría de la literatura y la literatura comparada,

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Convocatoria reseñas

Se abre asimismo una convocatoria de reseñas críticas que serán publicadas en un apartado de la revista dedicado a las novedades editoriales.

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- Los libros reseñados deben ser de teoría literaria, crítica literaria y/o literatura comparada.

- Los libros reseñados deberán tener fecha de publicación del año en curso o de los dos anteriores. Se valorarán también reseñas de primeras traducciones o de reediciones significativas para el área de conocimiento, siempre que la fecha de su publicación siga los parámetros expuestos.

- El formato y el sistema de notas, citas y referencias bibliográficas deben seguir los mismos criterios que los artículos, según el Manual de estilo de la revista.

- Las reseñas deberán tener un título, la referencia bibliográfica del libro reseñado y su número de páginas. No deben tener resumen ni palabras clave.

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Barcelona, 31 de julio de 2022

Consejo de Redacción de 452ºF